jueves, 13 de noviembre de 2014

EL AUTOR

BIOGRAFÍA

JAVIER IRIONDO, es autor de "Donde tus sueños te lleven" y "Un lugar llamado destino" Mi propósito es ayudarte e inspirarte. www.javieririondo.es

Descripción

Emprendedor, soñador y eterno aprendiz. Ex-deportista profesional. Escritor y conferenciante.

Mi propósito consiste en ayudar a otros a descubrir su potencial, encender el brillo de sus ojos, e inspirarlos para que tomen decisiones que puedan llevar a un gran cambio en sus vidas.
Javier Iriondo

Este es el lugar para los que deciden encender una vela en vez de maldecir la oscuridad Creo que muchos tenemos la sensación de que nos falta algo, todos tenemos aspectos que nos gustaría cambiar o mejorar. El propósito desde aquí es ayudar a derribar muros de limitaciones y falsas creencias sobre nuestro verdadero potencial, revelar y superar miedos que en ocasiones nos retienen para construir nuevos puentes de posibilidades y descubrir aquello que podemos llegar a ser.

El objetivo es abrir una puerta a nuevos paradigmas a través de reflexiones y del conocimiento que está a nuestro alcance, compartir herramientas, argumentos y la inspiración necesaria para tomar decisiones que provoquen la inicial transformación interior y el progreso personal que inevitablemente conducen a un visible cambio en nuestra realidad exterior.
Desde aquí, con humildad, quisiera ser una influencia positiva, ser un compañero de viaje, ese hombro en el que apoyarse que a veces todos necesitamos, aun siendo conscientes de que cada uno tiene que encontrar y recorrer su propio camino, aunque espero de alguna manera poder ayudarte y acompañarte en ese camino.

Libros favoritos

Donde tus sueños te lleven
El alquimista
El vendedor más grande del mundo

Las 3 preguntas.


lunes, 3 de noviembre de 2014

AGRADECIMIENTOS



AGRADECIMIENTOS

Mi nombre es CARLOS DANIEL JIMENO AMADOR, vivo en el Municipio de Ciénaga departamento del Magdalena, soy estudiante del INSTITUTO LATINOAMERICANO, curso séptimo grado;  mis padres ILDEFONSO JIMENO PEÑA y MARITHZA LISBETH AMADOR.

Quiero poner a su disposición este blog que estoy seguro que les sera de mucha utilidad a todas las personas que se detengan a leerlo.

Doy gracias al Profesor JORGE IVAN GARCIA URIBE, ya que nos dio un libro para leer que se llama  DONDE TUS SUEÑOS TE LLEVEN, de JAVIER IRIONDO NARVAIZA;  inicialmente este libro lo leí porque era para poder tener una buena nota en la materia del profesor;  pero cuando empece a leerlo me fui interesando más y más en la lectura de este libro.

Donde tus sueños te lleven es un libro que lo puede leer cualquier persona de cualquier edad, te enseña mucho sobre los valores, te ayuda a comprender el valor que tiene la vida humana, te enseña a ser fuerte cuando las cosas no te salen bien, te ayuda a ser positivo y a aprender de las experiencias buenas y malas que te pasen en la vida.

Le agradezco al profesor Jorge Ivan porque gracias a este libro pude ampliar bastante mis conocimientos y comprender muchas historias que en este libro se presentan ya que debido a lo que no comprendía les preguntaba a mis padres y ellos con experiencias propias vividas me ayudaban a entender más.     



domingo, 2 de noviembre de 2014

TABLA DE CONTENIDO

TABLA DE CONTENIDO

DONDE TUS SUEÑOS TE LLEVEN DE JAVIER IRIONDO

“TU PASADO NO DETERMINA TU FUTURO”

AGRADECIMIENTOS
IMÁGENES CON REFLEXIÓN.
CAPÍTULO 1
EL ACCIDENTE  ----------------------------------------------------------     Pág. 06
CAPÍTULO 2
LA VUELTA A CASA ------------------------------------------------------    Pág. 12
CAPÍTULO 3
ENFRENTARSE A LOS PROBLEMAS Y CURAR LAS HERIDAS  Pág. 18
CAPÍTULO 4
EL PERDÓN ------------------------------------------------------------------  Pág. 25
CAPÍTULO 5
LA DECISIÓN --------------------------------------------------------------    Pág. 31
CAPÍTULO 6
LOS MIEDOS Y LAS FALSAS CREENCIAS --------------------------  Pág. 37
CAPÍTULO 7
ATACA A TUS MIEDOS ------------------------------------------------    Pág. 43
CAPÍTULO 8
ROMPIENDO BARRERAS PARA ABRIR UN
NUEVO CAMINO ------------------------------------------------------------ Pág.49
CAPÍTULO 9
EN BUSCA DEL SENTIDO ----------------------------------------------    Pág. 55
CAPÍTULO 10
LA INFLUENCIA DEL ENTORNO -------------------------------------   Pág. 61
CAPÍTULO 11
LOS HÁBITOS -------------------------------------------------------------     Pág. 67
CAPÍTULO 12
EL  PORQUÉ, DEFINIR LO QUE REALMENTE QUIERES --        Pág.73
CAPÍTULO 13
MANTENERSE EN EL CAMINO­­ -------------------------------------      Pág.79
CAPÍTULO 14
EL VIAJE A KATMANDU -----------------------------------------------      Pág.85
CAPÍTULO 15
EL PODER DE LA MENTE --------------------------------------------       Pág.91
CAPÍTULO 16
LA NUEVA ERA DE LA MENTE --------------------------------------     Pág.97
CAPÍTULO 17
EL FINAL- EL INICIO --------------------------------------------------     Pag.104

POEMAS E HISTORIAS DE REFLEXIÓN -------------------------   Pág.110
 EL AUTOR ---------------------------------------------------------------       Pág.126

POEMAS E HISTORIAS DE REFLEXIÓN

POEMAS E HISTORIAS DE REFLEXIÓN


NUESTRO MIEDO MÁS PROFUNDO

(Our Deepest Fear)

(Pag. 45)

Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados.
 Nuestro miedo más profundo es el hecho de que somos poderosos

más allá de toda medida.
Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que más nos atemoriza.
Nos preguntamos:
¿Quién soy yo para ser brillante, elegante, talentoso, extraordinario?

Pero, en realidad, ¿quién eres tú para no ser así?

De hecho, eres hijo de un Dios.

Tu pequeñez no le sirve al mundo.

Desmerecerse para que los demás no se sientan inseguros a tu lado

en nada tiene que ver con la Iluminación.
 Todos estamos hechos para brillar, como brillan los niños.

Nacemos para manifestar la gloria del Dios que está en nuestro interior.

Y no es que esté solamente en algunos, está en todos nosotros.

Cuando permitimos que nuestra propia luz brille,
 inconscientemente damos a otros permiso para que brillen también.

En la medida en que nos liberamos de nuestros propios miedos
nuestra presencia automáticamente libera a los demás.

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(Pag. 50)


En una antigua tribu india, un viejo chamán envió a las altas montañas a un joven introvertido llamado Keya con el encargo de buscar un nido de águilas. No debía regresar hasta que pudiese volver con un huevo de águila. El chamán sabía que Keya era un joven inteligente y que tenía un gran corazón, pero por algún motivo era algo distinto, y los demás se burlaban de él. Keya había ido perdiendo su confianza y en muchas ocasiones no se atrevía a hacer las cosas que los demás hacían. Se preocupaba demasiado por lo que los otros pudiesen pensar y esos miedos lo paralizaban.
Tras varios días de búsqueda, por fin Keya encontró un nido de águilas y pudo hacerse con el huevo que le había ordenado buscar el chamán.

Tras su regreso, el sabio chamán puso el huevo en el corral para que una gallina lo incubase con los demás huevos. En pocos días, los huevos se abrieron, pero el águila estaba rodeada de pequeños pollitos y obviamente creyó que era un pequeño pollito más. Pronto, por su aspecto diferente, los demás pollitos comenzaron a burlarse de ella; los pollitos eran preciosos y se movían con gracia y rapidez, y el águila, convencida de ser un pollito, se sentía fea y torpe. Las burlas eran constantes, lo que hizo mella en su confianza y que creciera llena de inseguridades, pensando que no era lo suficientemente buena o inteligente, que no era como los demás. No se sentía integrada ni aceptada.
El águila comenzó a crecer y cada vez fue más fuerte y esbelta, pero las ya crecidas gallinas seguían despreciándola por ser diferente, por no ser como las demás. El águila seguía picoteando el suelo, comiendo y comportándose como siempre habían hecho ellas. Era lo que había aprendido y ésa era su realidad.

La insatisfacción y el vacío seguían creciendo en su interior. Sentía que le faltaba algo, que su destino no podía ser pasarse la vida picoteando el suelo en aquel pequeño corral. Sentía que tenía que haber algo más.

El chamán mostró el comportamiento del águila al joven Keya, el cual sufría al ver a la majestuosa águila picoteando el suelo como una gallina. Fue él quien trajo aquel huevo, sus almas estaban unidas, por ello se sentía identificado con el águila.
Pero un día, una extraordinaria águila sobrevoló una y otra vez el poblado. Las gallinas corrieron despavoridas a esconderse. Sin embargo, la joven águila quedó inmóvil, magnetizada al ver aquel maravilloso ser volando y surcando los cielos con majestuosidad. Las demás gallinas le gritaron sin cesar que se escondiera, pero ella permaneció inmóvil ante el momento más conmovedor de su vida.
Entonces, aquella extraordinaria águila desapareció de los cielos y la joven águila comenzó a gritar: «¡Yo quiero hacer eso, yo quiero volar, tengo que intentarlo, yo quiero volar!». En ese momento, pasado el peligro, todas las gallinas salieron de su escondite y comenzaron a reírse y a burlarse diciéndole: «Pero si tú eres una gallina, no te hagas ilusiones, tú no puedes volar, ¿es que crees que tú eres especial, te crees mejor que nosotras? Deja de soñar y pon los pies en el suelo».
El águila se resignó, agachó la cabeza y dejó que las demás le robaran sus sueños. No obstante, algo ocurrió en su interior. El chamán observó todo lo sucedido junto con el joven indio, que sufría al ver al águila así.

Entonces, el chamán le dijo a Keya: «Ha llegado la hora». Entró en el corral, puso una capucha al águila, la tomó en sus brazos y comenzó a caminar junto al joven.
Tras varias horas de largo camino, ambos llegaron a un conocido y respetado lugar por la tribu. Era el lugar en donde se descubría el verdadero valor de los guerreros, un impresionante acantilado con las profundas aguas de un río al fondo. Eran muy pocos los que se atrevían a realizar el peligroso salto y no todos lo habían logrado.

Se sentaron al borde del impresionante acantilado, las vistas eran espectaculares, era como estar sentado a la entrada del cielo. En ese momento, el chamán puso el águila, aún encapuchada, en manos de Keya.
Tú y esta águila estáis unidos en el alma, los dos sois muy especiales, ambos habéis sufrido el mismo mal, los dos habéis escuchado las mismas cosas durante demasiado tiempo, os han atado las alas, han encadenado vuestras esperanzas e ilusiones, os han querido robar vuestros sueños. Hasta ahora, tú has vivido preocupado e influenciado por las opiniones de los demás. A ambos os han inculcado miedos y limitaciones irreales, si bien ambos teníais la grandeza en vuestro interior, el potencial y la capacidad para liberaros de las cadenas de las dudas y volar libres de miedos hacia un nuevo y glorioso horizonte.

»Para ambos ha llegado la hora de dar el salto de la liberación, el momento de romper las cadenas de todos los miedos y volar libres.

Nunca antes Keya se había acercado al acantilado. Había escuchado muchas historias al respecto y sabía que eran muy pocos los que se aventuraban a dar el gran salto. Aquellos que lo lograban eran considerados héroes y grandes guerreros por su valentía, y eran admirados y respetados por todos.
Ahora quiero que te pongas en pie, yo quitaré la capucha al águila y en ese momento darás un salto y soltarás al águila al mismo tiempo. Vuestras almas se unirán en ese instante y los dos volaréis libres para siempre.

Keya sintió algo muy especial. Sintió que era su momento. Las palabras del chamán encendieron algo en su interior. Confió plenamente en él, se puso en pie, con el alma en un puño y el corazón latiendo como jamás antes lo había hecho, respiró profundamente, elevó el águila en sus manos y dio el paso más importante de su vida. Saltó gritando en una especie de liberación, empujando al águila hacia el cielo, y mientras Keya volaba hacia su libertad pudo ver cómo el águila, al mismo tiempo, batía sus majestuosas alas volando por primera vez.

Keya cayó a las profundas aguas limpiamente y, al emerger a la superficie, lanzó un grito que atravesó todos los valles: el grito de la libertad y la liberación de todos sus miedos. Sus límites y sus falsas creencias quedaron en el fondo del río. En ese momento dejó de ser el joven inseguro para convertirse en un gran hombre que atravesó la barrera de las dudas, los límites y los miedos. Se conquistó a sí mismo. Alzó la vista. Su pecho y el del águila se llenaron de orgullo y alegría, admirando a su alma gemela surcar el cielo, convirtiendo ambos su sueño en realidad.

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(Pag. 58) 

Un buen día dejaron a un cura el cuidado de un niño durante una tarde; era un niño revoltoso como él solo. Después de un par de horas, el cura estaba desesperado porque el niño no paraba un instante y se acercaba la hora del sermón. Como tenía que hacer algo para que estuviese entretenido, mientras hojeaba una revista se le ocurrió una gran idea: arrancó una hoja de la revista en la que aparecía un mapamundi, la hizo añicos con cuidado y entregó los papelitos al niño diciendo:

Aquí tienes un rompecabezas, es el mapa del mundo, a ver si para cuando termine el sermón lo tienes montado.

El cura fue a cambiarse convencido de que el pequeño tendría para unas horas, si es que alguna vez llegaba a terminar el puzle. El niño miró los trozos de lo que parecía una misión imposible, «arreglar el mundo». Como los niños son curiosos, se fijó en el reverso de uno de los trozos y vio que era la cara de una persona. Entonces dio la vuelta a todos los trozos. Cogió una hoja y sobre ella comenzó a ensamblar aquel rostro desconocido. Cinco minutos más tarde, la cara estaba perfectamente montada, así que puso otra hoja encima del rostro y le dio la vuelta.

En eso momento el cura regresó ya preparado para ir a dar su sermón; tan sólo habían pasado cinco minutos cuando el niño orgulloso le mostró el mapamundi recompuesto. El párroco, sorprendido, no daba crédito a sus ojos y le preguntó:

Pero ¿cómo lo has hecho?¿Cómo has arreglado el mundo?
A lo que el ingenioso niño respondió:

No, yo no he arreglado el mundo, eso era muy difícil, pero vi que detrás había una persona y cuando la persona estuvo bien, el mundo también lo estuvo.

Ése fue el sermón que dio el cura aquel día: «Cuando tú estás bien el mundo está bien», cuando tú estás bien el mundo parece estar mejor, por eso tienes que invertir en ti, para crecer, aprender y comprender; porque cuando te sientes bien emocionalmente, te sientes fuerte, con la capacidad para pasar a la acción, te sientes más seguro ante las situaciones a las cuales has de enfrentarte y más optimista de cara al futuro.

David comprendió con esa historia los rápidos cambios que en ocasiones sufrimos en nuestros sentimientos y se percató de esa realidad tan simple: cuando estamos mejor con nosotros mismos, vemos nuestro mundo mucho mejor.

Ambos estaban ya cansados tras una larga jornada, por lo que una vez dicho esto, y con el beneplácito de David, Joshua decidió dar por finalizado el día. Tras una ligera cena, David se acostó.

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                                                              (Pag. 69)

La historia de Pedro

Un grupo de chavales de entre ocho a diez años estaba jugando un partido de fútbol. Algunos de los padres seguían atentamente el partido, hasta que un niño se acercó corriendo para jugar con los demás, pero algunos lo increparon para que abandonase el campo y les dejara seguir jugando su partido. Su madre comenzó a gritarle: «¡Pedro, ven aquí, déjales jugar!».

Pedro, apesadumbrado, salió del campo y se sentó en una esquina ante la vigilante mirada de su madre. Siguió el partido atentamente, viendo cómo los demás niños se divertían jugando. Iban empatados a dos, y el partido estaba a punto de finalizar.

No obstante, sus ansias pudieron con él, y Pedro irrumpió de nuevo en medio del campo. Su madre lo volvió a llamar para que abandonase el terreno de juego, pero, a pesar de su insistencia, Pedro no le hizo caso. Los otros niños empezaron a gritarle y a insultarle para que saliese del campo, hasta que se dieron cuenta de que Pedro era un niño con síndrome de Down.

En ese instante se hizo el silencio, hasta que Andrés dijo: «¡Dejadle jugar, va con nuestro equipo!». Todos lo aceptaron sin más. Andrés era el mejor jugador y tenía una gran influencia en el resto de sus compañeros. La madre de Pedro le preguntó si estaba seguro de lo que estaba haciendo, y Andrés le respondió con un rotundo sí.

Pedro comenzó a correr con sus dificultades de un lado a otro, persiguiendo el balón sin mucho éxito, si bien su cara de felicidad era absoluta. Su madre estaba nerviosa y encantada de ver que su hijo estaba disfrutando en aquellos momentos como cualquier otro niño. El partido llegó a sus últimos minutos y seguían empatados a dos tantos. De repente, el árbitro pitó un penalti a favor del equipo de Pedro. Andrés colocó el balón y se dispuso a lanzar el penalti. Sin embargo, en ese momento se acercó hasta el portero y le susurró algo al oído. Andrés volvió hacia donde estaba el balón, pero en vez de chutar se dirigió a Pedro y le preguntó: «¿Quieres tirarlo tú?».

Pedro comenzó a gritar y a saltar de alegría. Su madre no daba crédito a lo que estaba presenciando. Totalmente emocionada se llevó las manos a la cara, tapándose las lágrimas. Pedro se acercó al balón, chutó con toda la ilusión del mundo y tan fuerte quiso golpearlo que a punto estuvo de no darle. Cuando el portero vio hacia qué lado se dirigía la pelota, éste se tiró hacia el lado contrario y el balón entró en la portería, marcando el gol que significaba el 3 a 2. Sus compañeros comenzaron a vitorear el nombre de Pedro, celebrando el gol. Todos lo abrazaron; se convirtió en el héroe del partido. Sus compañeros y los niños del equipo contrario que se unieron al grupo, lo llevaron a hombros hasta donde se encontraba su madre. Con los brazos en alto, mirando al cielo, Pedro no dejaba de gritar emocionado: «¡He metido un gol!, ¡he metido un gol!, mamá, ¡he metido un gol y hemos ganado!». Hasta Tuto salió corriendo hacia los niños atraído por esa energía. Probablemente para esa madre fue el momento mágico más conmovedor que vivió con su hijo.

Los padres de los demás niños y todas las personas que presenciaron aquel maravilloso suceso estaban en pie, aplaudiendo emocionados y orgullosos por ese gesto de bondad, de comprensión, de amor y de generosidad.

La madre de Pedro se acercó hasta Andrés, artífice del extraordinario gesto. La mujer no podía articular palabra. Entre lágrimas de felicidad, tan sólo pudo decir un entrecortado y emotivo: «Gracias».
David cerró el libro y se quedó mirando las tapas. Se puso a reflexionar en silencio, con una sensación extraña en su cuerpo, que no sabía cómo describir; son esas agradables vibraciones que nacen de la inspiración.

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(Pag. 87)


A continuación, Joshua dictó a David su definición de cada una de esas siete palabras:

   
1. Pensamientos: la clave y el inicio de todo.

2. Enfoque: es aquello a lo que consciente o inconscientemente dirigimos y prestamos más atención en nuestra mente. Nuestra energía emocional se centra en aquello en que nuestra mente ocupa más tiempo.

3. Emociones: son el resultado de nuestros pensamientos, sentimos como pensamos. Dependiendo de a qué prestemos más atención y adónde dirigimos nuestros pensamientos, así serán nuestros sentimientos.

4. Expectativas: son las creencias; si creo que puedo o no puedo lograr algo, la fe o las dudas, la confianza o los miedos. Todos ellas son el filtro de la percepción de nuestra realidad, el cual determina y condiciona nuestras acciones.

5. Actitudes: la calidad y la percepción de esas expectativas y creencias establece nuestra actitud, la cual transmite esa energía a nuestros comportamientos.

6. Acciones: la calidad de nuestras acciones está determinada por nuestra actitud. Cuando estamos seguros de algo o tenemos buenas expectativas, cuando creemos que un proyecto va a salir bien y estamos convencidos de ello, esa energía nos infunde y transmite una plena confianza.
7. Resultados: la calidad de los resultados se basa en la calidad de las acciones, que determinan nuestros pensamientos, las creencias y las expectativas. Cuando los pensamientos son los correctos, el resto fluye con la energía correcta, propiciando los resultados que deseamos.

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(Pag. 89)

El sufí Bayazid dice acerca de sí mismo:

De joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios: «Señor, dame fuerzas para cambiar el mundo».

A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar a una sola alma, transformé mi oración y comencé a decir: «Señor, dame la gracia de transformar a cuantos entren en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho».

Ahora, que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido que he sido. Mi única oración es la siguiente: «Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo». Si yo hubiera orado de ese modo desde el principio, no habría malgastado mi vida.
Todo el mundo piensa en cambiar a la humanidad. Casi nadie en cambiarse a sí mismo.

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(Pag. 109)

 Encontrar el propósito

Cuentan que en la guerra de los Balcanes un grupo de refugiados, junto con dos soldados, huía de la zona de conflicto hacia la frontera, en busca de tierras más seguras. Cuando pasaron por un pueblo totalmente arrasado, de repente una joven salió corriendo de las ruinas de una casa pidiendo ayuda.
Entre las ruinas permanecían escondidos un anciano que protegía un bebé de tan sólo tres meses y a un niño de ocho años. La joven, Jelena, preguntó si todos ellos podían unirse al grupo de refugiados.
Cuando los dos soldados vieron al anciano pensaron que les podría retrasar mucho, lo que podía ser peligroso para todos. Tras meditar sobre la situación, los soldados finalmente aceptaron que se unieran al grupo con una condición: les ayudarían con su bebé, pero tanto ella como el anciano y el niño tendrían que valerse por sí mismos.

Calculaban que en cuatro días lograrían alcanzar una región segura. A duras penas, el anciano mantuvo el ritmo durante los dos primeros días. Pero al tercer día su espíritu comenzó a abandonarle, empezó a pensar que ya no podía más, que no merecía la pena sufrir tanto, que ya no tenía sentido seguir luchando, hasta que al final de ese tercer día el anciano, exhausto, cayó al suelo.
Acudieron a ayudarle, pero su frágil espíritu lo había abandonado y su dolorido cuerpo había renunciado a seguir. Por mucho que quisieron ayudarle, él ya no estaba dispuesto a ayudarse a sí mismo. Decidió abandonar y convenció a todos para que siguieran sin él, ya que, si lo esperaban, podía ser peligroso. El anciano había decidido que ya había vivido lo suficiente. Quería que le dejaran descansar para morir en paz. Jelena hizo todo lo posible para convencerlo de que hiciera un último esfuerzo, lloró desgarradamente, le imploró con todas sus fuerzas. Pero a pesar de todos sus ruegos el anciano ya se había dado por vencido.

La cruel situación no era agradable para nadie; tenían que tomar una decisión, no podían cargar con él. Pero tampoco podían esperarle. El sonido de la guerra retumbaba en la lejanía. Finalmente no hubo otra opción; reiniciaron la marcha abandonando al anciano al amparo de unas frías y húmedas rocas.

Todos comenzaron a caminar alejándose del pobre anciano, pero de repente Jelena volvió hacia atrás con su bebé, lo puso en brazos del anciano y, con la mayor determinación imaginable, lo miró a los ojos y le dijo: «Es tu nieto, ahora es tu responsabilidad, y su vida depende de ti».
Jelena tragó saliva, con el corazón encogido se dio la vuelta y comenzó a caminar para alcanzar al grupo. Su padre comenzó a llamarla, pero Jelena en ningún momento miró hacia atrás, no quería darle la oportunidad de sentir lástima de sí mismo. La joven alcanzó al grupo y siguió caminando, hasta que finalmente miró atrás. Su anciano padre se había levantado y caminaba lentamente con su nieto en sus brazos, en dirección al grupo.

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(Pag. 172)

La perseverancia

En un frío día de invierno, un joven cachorro se alejó demasiado de la granja en la que vivía al perseguir las pocas hojas que el invierno aún no se había llevado. Revoloteando y bailando a impulsos del viento, las hojas hipnotizaron al joven cachorro, que continuó alejándose cada vez más y más sin darse cuenta.

La nieve lo cubría todo; el viento comenzó a soplar cada vez más fuerte mientras una nueva tormenta se acercaba. El cachorro comenzó a sentir el frío y decidió volver a casa, pero al mirar alrededor sólo vio que un gran manto de nieve lo rodeaba.

Comenzó a correr desesperadamente, aunque en la dirección equivocada. El miedo se apoderó de él. Hasta que encontró un camino que siguió con ahínco. La nieve comenzó a caer y la noche acechaba. Finalmente vio unas luces que lo llenaron de esperanza. Llegó a una gasolinera, que en ese momento cerraba. Al acercarse con toda la inocencia y la ilusión a la persona que en ese instante se marchaba, ésta le dio una gran patada.

Era su primera patada; nunca antes le habían dado una, nunca antes lo habían rechazado así. El dolor era intenso, pero más aún el miedo, la incomprensión y la soledad que en ese momento sentía.
Perdido y aturdido comenzó a pensar en su amada granja, pensó en su familia y en el calor del hogar, comenzó a soñar. Ese sueño y esa visión le hicieron volver a recuperar la esperanza. Aunque dolorido, empezó a recorrer otro camino. La noche ya era cerrada, la nieve caía incesantemente y el frío aumentaba. Exhausto, cuando estaba a punto de darse por vencido, volvió a ver unas luces a lo lejos. Su corazón rebosó nuevamente de esperanza.

Sucio, helado, empapado, llegó a una granja, se acercó a ella. Y con toda la ilusión del mundo comenzó a arañar la puerta con la esperanza de recibir el cariño y calor que tanto anhelaba. Un hombre enorme se acercó a la puerta ante sus insistentes ladridos y arañazos. Al verlo, el desconocido le propinó otra patada que lo desplazó por los aires.

El pobre cachorro no entendía nada; cojeando y encogido por el intenso dolor, buscó refugio bajo unos arbustos. La desesperación y no entender por qué lo trataban de esa forma, le dolían más que aquellas patadas. Su mundo se vino abajo por completo. Tiritando por el intenso frío y el dolor, sintió que ya nada merecía la pena, pensó que ésa sería su última noche.

Inesperadamente, el día amaneció despejado, y el cachorro había sobrevivido a la fría y larga noche a la intemperie. Con todo el dolor, sus miedos y sus dudas, se armó de coraje para acercarse nuevamente a la casa. En vez de ladrar y arañar la puerta, miró por la ventana y vio a unos niños jugando junto al cálido fuego de la chimenea.

El cachorro pensó entonces que si pudiese entrar con los niños, seguro que lo aceptarían y podría jugar con ellos, y encontraría calor y comida. Reunió valor una vez más, llegó hasta la puerta y levantó la pata para comenzar a arañar la madera y convertir su sueño en realidad. Pero en ese momento las dudas asaltaron su mente. Se acordó de las dos patadas del día anterior y del enorme dolor que había sufrido, los miedos se le infiltraron por las grietas causadas por la duda, y las expectativas negativas se apoderaron de él. El recuerdo de esas patadas y de esos rechazos fue más grande que su sueño; las traidoras voces del miedo lo paralizaron, convenciéndolo de que no merecía la pena seguir luchando por su sueño.
Se dio la vuelta, cabizbajo, con la mirada en el suelo, y volvió a su refugio bajo los arbustos. No dejó de pensar en aquellas patadas, en los problemas. Se olvidó de su sueño hasta que finalmente, aletargado por el frío, el cachorro se quedó dormido y nunca más volvió a despertar.

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(Pag. 175)

Mi tesoro

A pesar de las desgarradoras circunstancias y de los golpes recibidos,

A pesar del dolor infligido hasta las profundidades del alma, Aplastado por los acontecimientos y los avatares de la vida, Desde lo más hondo de mi corazón me niego a abandonar

y permanecer en el suelo.

Puede que me llamen iluso, puede que me llamen loco y no esté cuerdo, Con la incertidumbre, los miedos y las sombras de la duda por compañeros.

Sin importar cuántas veces me caiga o me tiren,

Miraré al frente, me levantaré y seguiré caminando en busca de mi sueño. Podrán despojarme de todo, menos de mi libertad interior y de mi espíritu. Puedo perder mis bienes, pero jamás me podrán arrebatar mi patrimonio,

Que son mi honor, mi dignidad y mis sueños, mi verdadero tesoro.

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(Pag. 184 - 185)

David extrajo la carta y comenzó a leerla.

Querido David:

Todo tiene un porqué y puede que lo que a continuación te voy a pedir, te sorprenda o contraríe e incluso no lo quieras hacer. Sin embargo, en la vida, como bien sabes por experiencia propia, en ocasiones nos vemos enfrentados a situaciones en las que tenemos que hacer cosas que no queremos hacer, y en este caso, a pesar de que pueda ser duro o no lo comprendas, necesito que confíes en mí una última vez.

Durante todo este tiempo has podido descubrir al causante de la mayoría de los males, el motivo que nos impide progresar en la vida: ¡los miedos! Has podido averiguar cuáles son, de dónde y por qué surgen, y cómo superarlos. Ahora ha llegado el momento de despedirte de ellos, para que nunca más te hagan dudar, ni te puedan impedir alcanzar aquello a lo que aspiras.

Quiero pedirte que, tras mi incineración, lances mis cenizas en el mismo lugar del accidente y que allí celebres una breve ceremonia, siguiendo las indicaciones que aquí te entrego.

El corazón de David se aceleró al recordar aquel lugar y lo ocurrido allí. Sin embargo, Joshua lo tenía todo planificado y sabía perfectamente lo que estaba haciendo: quería estar seguro de que David superaba completamente sus miedos, su pasado y el dramático momento que desmoronó su vida, y sabía mejor que nadie que para superar los miedos es fundamental enfrentarse a ellos y a aquellas situaciones que nos han frenado en la vida.

Cuando terminó de leer la carta miró nuevamente a Joshua, aunque su espíritu estaba ya en algún otro lugar. Permaneció a su lado durante un largo tiempo, agradeciéndole todo lo que había hecho por él y reflexionando sobre cómo había logrado cambiar sus creencias, transformar su interior y su vida para siempre.

Ni por un instante dudó en llevar a cabo al pie de la letra las últimas instrucciones de Joshua.

 

 LA DESPEDIDA


Tras la emotiva ceremonia de despedida y su incineración, David realizó todos los preparativos necesarios para cumplir el último deseo de Joshua.

Era la mejor época del año para escalar, por lo que fue sencillo unirse a una de las expediciones que intentaban alcanzar la cumbre. Sin demora se puso en marcha, aunque esta vez la cumbre no era su propósito, sino volver al mismo lugar y enfrentarse a la dramática situación que dio un vuelco a su vida.

Unos pocos días después, con toda su equipación y las instrucciones de Joshua, estaba dispuesto a enfrentarse al pasado y a sus recuerdos. Finalmente llegó hasta el fatídico lugar que permanecía intacto en su retina, si bien esta vez todas las sensaciones eran muy distintas: las condiciones eran inmejorables y reinaba un brillante y precioso cielo azul. Las vistas que antes no había podido ver, ahora se apreciaban de una forma extraordinaria.

David siguió las indicaciones de Joshua al pie de la letra, se llevó consigo las hojas de sus sesiones iniciales, en donde había anotado los miedos que le llegaron a bloquear totalmente y las falsas creencias y los miedos que alguna vez sintió. Finalmente llegó hasta la zona en donde había creído tener la vida de Michael en sus manos. Los recuerdos y las emociones eran muy intensos. A escasos metros de él se extendía en picado el interminable precipicio.

Sacó todas sus notas y siguiendo las instrucciones de Joshua, leyó cada uno de los miedos que había escrito, los miedos que martirizaron su vida y le impidieron crecer, los miedos que durante tanto tiempo lo paralizaron y le impidieron hacer aquello que en muchas ocasiones quiso hacer y nunca se atrevió. El miedo al fracaso, al ridículo, a las dudas sobre sus propias capacidades; el miedo a la soledad, a la baja autoestima, a no sentirse merecedor, el miedo a no ser suficiente, a no atreverse a intentarlo por temor a fallar, a no sentirse capaz, la culpabilidad...

Cada vez que leía una de las hojas, la aplastaba en sus manos haciendo una bola, la introducía en la mochila y por cada una de ellas introducía también una piedra.

Cuando terminó de leer todos los miedos, los miró con desprecio, como al gran enemigo que lo retuvo en su vida. Ese sentimiento pronto se transformó en incredulidad. No podía creer que unas falsas creencias creadas en su mente, unos absurdos miedos psicológicos, pudieran haberle impedido vivir completamente su vida.

Siguiendo las indicaciones de Joshua ató la mochila con una larga cuerda, que a su vez estaba atada a su cuerpo, y la lanzó hacia el precipicio con todas sus fuerzas, hasta que el golpe seco de la cuerda tensa lo desestabilizó, reproduciendo con ello las emociones de aquel fatídico día. Viejas imágenes pasaron por su mente, si bien esta vez él tenía el control.

El peso de los miedos y las falsas creencias tiraban de él. Pero esta vez estaba allí para despedirse de ellos para siempre. Esta vez no hubo gritos. Se hizo el silencio, sacó su cuchillo y lo colocó contra la cuerda. Jamás, ni en el más delirante de sus sueños, imaginó volver a encontrarse en aquel lugar. Alzó su mirada al cielo y dio las gracias a Joshua, ya que en ese momento comprendió los muchos motivos por los cuales estaba allí. El peso con todos los miedos seguía manteniendo la cuerda en tensión, aunque David ya era consciente de que esa tensión, esos miedos, jamás volverían a apoderarse de él.

Con toda la seguridad y la determinación que se pueden reunir, cortó la cuerda del pasado y los miedos, y mientras éstos caían hacia el abismo, sintió que se quitaba un enorme peso de encima, la gran carga del pasado se transformó en paz y en seguridad, haciendo emerger firmemente sus nuevas creencias.

Al igual que Keya y el águila, se liberó de la enorme mochila con la que cargó gran parte de su vida. En ese momento se sintió poderoso y con un gran propósito. Se sintió más grande que todos los miedos y capaz de enfrentarse a cualquier situación. Tras un instante de reflexiones fugaces, sacó la pequeña urna con las cenizas de Joshua; no pudo evitar las lágrimas pensando en todo lo que había hecho por él. De algún modo, David sentía que Joshua había dado su vida por salvar la suya y que ahora, más que nunca, tenía las herramientas y el conocimiento, tenía la obligación moral de desarrollar todo su potencial, por Michael, por Joshua y por sí mismo.

Lanzó las cenizas de Joshua al viento de su querido Himalaya, tal como fue su expreso deseo, y éstas parecieron dibujar una figura en el aire. En ese instante, David sintió como si parte de Joshua impregnase su cuerpo, y una enorme paz se apoderó de él.

Tras unos momentos de mágico y revitalizador silencio, quedaba leer la última parte de la carta de Joshua:

Ya puedes volar libre, David, libre e imparable, con la determinación y la fortaleza mental de saber que has superado lo que seguramente ha sido la situación más difícil de tu vida.
Ahora inicias una nueva vida, un nuevo capítulo, eres más fuerte que nunca, tienes la comprensión y eres más poderoso que todos los miedos. Nada ni nadie puede detenerte, salvo tú mismo. A partir de ahora es el momento de retarte y de comprobar de qué estás hecho, de desarrollar todo tu potencial, de sorprenderte a ti mismo y descubrir de lo que eres capaz.

Ten la certeza de que una parte de mí siempre permanecerá contigo, y de que todo lo que necesitas está ya dentro de ti.

Si levantas la mirada, probablemente verás la larga estela que algún avión deja a su paso por el cielo azul. Esa estela no tiene ningún poder, desaparecerá en breve, esa estela no condiciona ni dirige al avión, es tan sólo el pasado, no determina el destino, ya que en cualquier momento puede tomar la decisión de cambiar su rumbo y así cambiar su destino.
Ahora es tu turno.
Ahora sabes que tu pasado no determina tu futuro.